8 de enero de 2013

A LOS 49 AÑOS DEL 9 DE ENERO DE 1964


Hace 49 años, el 9 de enero de 1964, el pueblo panameño, armado de piedras, palos y mucho orgullo, se enfrentó al ejército de los Estados Unidos después que en un acto cobarde rompieron la bandera que un pequeño grupo de estudiantes quería izar en tierra panameña. ¡No podíamos izar la bandera panameña en Panamá!

No era la primera vez que con fuerza nos reprimían. Desde mediados del siglo XIX el país norteamericano utilizaba el poder de su ejército para imponer sus intereses a las naciones del Istmo centroamericano. Y cada vez que ocurría en Panamá, los incidentes terminaban con el pago de grandes sumas de dinero exigidas por supuestos daños, basándose en un tratado ilegal que nos impusieron en 1903.

Pero esta vez fue diferente. El presidente panameño Roberto Chiari rompió relaciones diplomáticas con Estados Unidos, cosa que no había hecho antes otro país de América Latina, hasta que se negociara un nuevo tratado. La diplomacia panameña actúo con rapidez y eficacia y, aunque el país dejó ese día 22 muertos, se logró que Estados Unidos y todo su ejército saliera de Panamá. No fue sencillo. Tuvimos que esperar tres décadas. Y en el camino hubo más muertos. Pero triunfamos. Nuestros mártires no murieron en vano.

Las banderas que se sembraron florecieron en el Panamá del siglo XXI.


Mártires del 9 de enero de 1964: Ascanio Arosemena, Luis Bonilla, José Del Cid Cobos, Maritza Ávila Alabarca, Teófilo Belisario De La Torre, Gonzalo A. France, Víctor M. Garibaldo, José Enrique Gil, Ezequiel Meneses González, Víctor M. Iglesias, Rosa Elena Landecho, Carlos Renato Lara, Evilio Lara, Gustavo Lara, Ricardo Murgas Villamonte, Alberto Nichols Constance, Estanislao Orobio W., Jacinto Palacios Cobos, Ovidio L. Saldaña, Rodolfo Sanchez Benítez, Alberto Oriol Tejada, Celestino Villareta.

30 de septiembre de 2012

EL SUEÑO LOCO DE SAN SALVI


Florencia no es real. No puede serlo. Ciudad de ensueño, cuyos rasgos parecen surgir de la imaginación, trazados por la luz de un sol que sólo en este lugar del mundo es tan especial. Siempre llena de belleza, desde hace mucho tiempo la creatividad artística ha encontrado allí hogar y ha prosperado, y la ha llenado de arte y de objetos hermosos.

No muy lejos del centro histórico hay un campus en el que desde principios del siglo XX funcionó un manicomio. Campos sembrados, jardines, un teatro y varias edificaciones alojaban aislada a una comunidad que, en esa época oscura de la siquiatría, era condenada a vivir en ciudades cerradas como el Ospedale psichiatrico di San Salvi.

En San Salvi funciona aún un hospital, pero por su campus no deambulan ya esos enfermos mentales de años pasados, algunos en realidad víctimas de procedimientos tan terribles y definitivos como la lobotomía, o confinados de manera absurda por lo que hasta los años setenta se consideraban trastornos mentales, como la homosexualidad. En el San Salvi de hoy, algunos pabellones han sido tomados por comunidades de jóvenes o artistas, otros son utilizados por diversas instituciones del gobierno. Uno de los edificios lo gestiona Chille de la Balanza, que organiza durante todo el año eventos artísticos y culturales. Uno de ellos es la Fiesta del Salvino - La República Libre de las Artes y la Cultura, razón principal por la que estoy en Italia, invitado por Aristides Ureña Ramos.

En este pabellón de antiguo hospital, por hoy República, artistas y público celebran la creatividad artística. Al llegar, una ruleta recibe a todos; el ingreso es gratuito, pero si se quiere hacer compras se deben adquirir salvinos, moneda diseñada por Amadeo Lanci, única de circulación autorizada en esta nación libre. La tasa de cambio la decide el azar: el abundante negro en la ruleta dicta un salvino por 10 euros, los escasos blanco y rojo dictan dos y tres veces esa cantidad. Las obras, la comida preparada especialmente, las cervezas y el vino Salvino, un chianti de producción limitada preparado especialmente para el evento por Filippo Cintolesi, se compran con salvinos.

El tema de este año es Don Quijote, el sueño loco (no tomar en serio nada que no te haga reír). Y con esta idea en mente varios artistas han preparado sus trabajos. Algunos han llevado obras teatrales, otros piezas de danza, algunos performances, otros pinturas e instalaciones. De Panamá hay dos trabajos: El sueño trastornado, performance de Aristides Ureña Ramos y Alberto Gallingani; y el Laboratorio Experimental PANAMArama, colectivo reunido por Ureña Ramos y en el que participaron con trabajos en video Lili Mendoza, Vannie Arrocha, Melanie Taylor, Carlos Rodaniche y quien les escribe esta nota, José Luis Rodríguez Pittí.

Desde las cuatro de la tarde la gente empieza a llegar. PANAMArama se proyecta de continuo en una gran sala que le han dedicado exclusivamente. En diversos espacios, en los jardines, suceden diversas intervenciones artísticas. La gente aprovecha la oferta culinaria. El escenario principal se prepara y el público lo llena. A las siete es ocupado por las primeras obras. A las 10:15 p.m., Alberto Gallingani, vestido a rayas rojas y negras, y Aristides Ureña Ramos, encutarrado y enmascarado, salen a escena e inician su presentación que empieza con la lectura de varias líneas del Quijote frente a una proyección de imágenes diversas, muchas de ellas divididas exactamente en la mitad de la pantalla. Usando diversos artículos, música y la ejecución performática, llevan al espectador a meditar sobre el tema de fondo, la contraposición de dos mundos, el europeo de Gallingani, el caribeño de Ureña Ramos.

Mientras tanto, PANArama continúa su ejecución continua, con público que se renueva constantemente en esta sala con capacidad para medio centenar de personas. La proyección empieza con Cuotidiano, video en el que Lili Mendoza se filma leyendo un texto de su libro. Luego pasa a Souvenir recuerdo, trabajo filmado por Jhoram Moya en el que Melanie Taylor lee un texto sobre los objetos que nos trae el mar y la inocencia, mientras la hija de ambos juega en la playa. La secuencia continúa con Agua y Trópico de Carlos Rodaniche, en los que presenta la exuberancia del trópico y de la lluvia panameña, usando imágenes del agua, la selva y desnudos masculinos. Luego sigue el hermoso trabajo de Vannie Arrocha en el que la poeta en cierto sentido se desnuda y nos habla con su poema Desperfecta de la verdadera belleza y del valor de un ser humano, siempre único y especial: «ser predecible, con uniforme resuelto, / réplica de un maniquí de estantería. / terminaré musitando ideales ajenos». Por último, se presenta El paredón, trabajo en el que, utilizando diversas imágenes de personas frente a ese paredón en la Plaza de Francia en el que fusilaron a Victoriano Lorenzo, intento hacer meditar al público sobre la identidad de la República de Panamá construida sobre imaginación u olvido. Al terminar cada serie, el público asiente ante la propuesta presentada por los panameños. Lo hemos logrado, hemos tendido un puente de comunicación entre Panamá y Florencia que seguirá ahora por Roma, Lisboa, Venecia, Bruselas y regresará a América, empezando por Bogotá.

En otros espacios de San Salvi, bajo un hermoso cielo toscano, suceden otras cosas. En un patio queman una caja de libros. Un pintor dibuja las sombras de los asistentes. Otro lee el futuro de las personas en fragmentos de poemas previamente escritos. Un músico aprende con gusto un torrente de mejorana tocado en un Yukelele traído de Panamá. Una fotógrafa retrata a personas del público que, con escudo y lanza, representan a Quijote y Panza. Una niña, de forma espontánea, baila entre las obras. Alguien sale de entre el público y rompe una piñata llena de cenizas. Dos mujeres bailan danzas con aires orientales. Hay pinturas y esculturas en los patios, algunas colgadas de líneas de cuerdas y movidas por abanicos eléctricos ante una gran pared. Y yo, complacido, me pierdo caminando entre sombras e imágenes que sólo existirán durante esta noche de fiesta en este antiguo manicomio de San Salvi, acaso acostumbrado desde hace tiempo a ser escenario de este tipo de visiones únicas.

Versión completa del artículo publicado en La Estrella de Panamá donde se puede ver [[AQUÍ]].

9 de junio de 2012

HÉCTOR GALLEGO Y LA ESPERANZA

Hoy hace 41 años, cerca de la medianoche del 9 de junio de 1971, la Guardia Nacional de Panamá se presentó frente al rancho pobre en el que dormía el sacerdote de 33 años Jesús Héctor Gallego, en Santa Fe de Veraguas. Lo montaron a un jeep y se lo llevaron. Lo mataron. Lo desaparecieron. Acto oficial, en plena dictadura, la Guardia Nacional controlaba el país. Al principio se movilizó mucha gente: se protestó en Panamá; los campesinos bajaron de la montaña y acamparon en Santiago, la capital de Veraguas, donde además los curas colocaron una gran cruz negra frente a la iglesia. Pero al final, no se hizo más nada. La misma iglesia no hizo más nada. El gobierno no dio ninguna explicación. Y cuatro personas que, en diversos momentos y lugares fueron testigos de lo ocurrido, murieron misteriosamente 'suicidándose'. Pero quedaron los resultados del trabajo con las comunidades de las montañas de Veraguas.

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En 1968 llegó Héctor Gallego a Santa Fe de Veraguas para trabajar en un proyecto de cambio cultural. Este proyecto había sido empezado por Alejandro Vásquez Pinto, vicario de Veraguas, con ideas muy concretas sobre cooperativismo, el poder de una comunidad unida frente al poder político y un plan de trabajo que se llamó Plan Veraguas. Poco a poco, día a día, trabajando con los líderes de más de treinta poblaciones campesinas, Gallego se dedicó a deshacer ese lastre que cargamos: esa costumbre de no hacer nada frente a las injusticias, esa pasividad, ese conformismo del panameño. En sus palabras, Héctor luchó contra "el no querer dar pasos, el no querer romper con una cosa que llamamos orden y que en el fondo no es más que un desorden". Pronto la gente empezó a unirse contra las injusticias de los más poderosos. Empezaron a destruir la dependencia económica, a tener control de la producción y la distribución de su trabajo, agrupándose en cooperativas. Dejaron de votar en las elecciones, para no depender de promesas de politiqueros, y se opusieron a los intentos del gobierno de controlar proyectos de producción y cooperativas. Algunas personas que hacían riqueza abusando de los campesinos, aprovechando su posición económica para explotar a los productores, empezaron a molestarse. Dio inicio una guerra entre los terratenientes y los campesinos. En esa época fueron famosas las golpizas públicas que le dieron a Vasquez Pinto y a Gallego, la quema de casas, el hostigamiento constante, no sólo de estos individuos, muy especialmente de parte de Álvaro Vernaza Herrera, primo hermano del dictador de la época, sino de parte de la Guardia Nacional que fue responsable por lo peor, lo sucedido esa noche de junio de 1971 en la que se llevaron a Jesús Héctor Gallego.

Pocos días antes, de manera premonitoria, había dicho: "si desaparezco, no me busquen sino que sigan la lucha, por que lo importante es la salvación de todos los hombres de la explotación y esclavitud ocasionada por los explotadores y por esto hay que morir si es necesario".

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Hoy, las cooperativas resultado del trabajo comunitario de este hombre muerto a los 33 años siguen dando sus frutos y permitiendo a las comunidades prosperar. Y la gente de Santa Fe sigue recordando a Gallego, no solo con un monumento en el centro de esta población fundada en 1558, sino con actos que conmemoran anualmente su muerte. Cómo olvidarlo si, al recorrer las calles de esta sencilla comunidad, sobresalen las edificaciones de los diversos centros de trabajo, producción y distribución de la Cooperativa "La esperanza de los campesinos".

Pero, ¿qué hay del resto del país? ¿Se logró todo lo que se proponían Vásquez Pinto y Gallego? En palabras de Héctor: "Santa Fe, realmente yo no puedo imaginármelo solo. Un movimiento aislado no puede ir a ningún lado. Cuando hablamos de cambio, nos referimos al sistema. Es un sistema que abarca el mundo de hoy, no solamente a Panamá ni siquiera a América Latina sino al mundo de hoy, de manera que un movimiento que permanezca aislado es un movimiento que está enfrentándose hacia algo imposible, algo demasiado grande para un movimiento local". En este mundo de indignados, de toma de las calles del mundo financiero mundial, de fuertes deseos de cambio, la lucha debe ser como la visualizó Gallego. Una lucha global por el cambio, por una sociedad que permita el desarrollo de las personas y no esta en la que todo se hace para el crecimiento de ciertas fortunas. Pero hacen falta planes y personas que los ejecuten, y hace falta seguir en la lucha de manera sistemática. El homenaje a Gallego no puede ser solamente recordarlo.


(*) Las citas son de una entrevista que le hizo Julián Lecuona a Héctor Collado en Radio Hogar, el 4 de junio de 1971, cinco días antes de su desaparición. La entrevista, junto a otros testimonios, escritos y fotografías, fue reproducida en la revista Diálogo Social, mayo-junio 9, 1972, números 34-35 especial.

13 de mayo de 2012

VICTORIANO LORENZO, LA MODERNIDAD Y EL FOTOPERIODISMO


Al pensar en Victoriano Lorenzo, en mi memoria se mezclan: el ser humano que participó en la Guerra de los Mil Días, el personaje de la novela de Ramón H. Jurado y de las leyendas que se repiten, y el héroe con rasgos mitológicos que alza su voz y, en nombre del pueblo, lucha contra las injusticias del sistema de poderes que, al menos desde hace 500 años, hemos padecido en Panamá. De eso no puedo decir nada nuevo, hay mucho para leer.

Muerte de Victoriano Lorenzo (presione sobre las fotos para ampliar)
Pero, como casi todo en mi memoria, antes que el personaje de estudio, Victoriano Lorenzo es una secuencia de imágenes: el hombre sentado ante sus improvisados jueces militares, vestidos con pomposos uniformes; el prisionero conducido hacia el final acompañado de un grupo de hombres armados en trajes oscuros, un tamborilero vestido de blanco y un perro tinaquero en lo que entonces se llamaba la Plaza Chiriquí; Victoriano en ese dispositivo oscuro frente al muro blanco al que lo amarraron y vendaron y los curas dieron la extremaunción; la persona ejecutada por este pelotón de fusilamiento disparando a muy corta distancia; y la imagen más poderosa de este imaginario, el cadáver del héroe de leyenda aún en esta especie de cepo, observado por las dos figuras en negras sotanas con biblias en la mano, erguidas sobre el muro blanco en el que hoy hay una placa y los domingos en la tarde venden raspao, molas y sombreros ecuatorianos.

No sólo son fotografías impactantes. Para mí, de forma simbólica, la muerte de Victoriano Lorenzo narrada en imágenes pocos meses antes de la fundación de la República, marca el momento en que Panamá entra de lleno al modernismo. Una vida de lucha que no termina con la muerte, que marca el paso hacia el futuro.

Algunos dicen que el fotoperiodismo nació en Alemania en 1925 con la invención de la cámara Leica y las primeras publicaciones de este tipo de reportajes. Al menos el fotoperiodismo moderno en el que el fotógrafo hace crónica de los hechos que observa, sin intervenir, con objetividad y utilizando técnicas narrativas. Es cierto que hay ejemplos previos de fotografías usadas para periodismo, sobre todo de 1890 en adelante cuando los periódicos pudieron imprimirlas por primera vez, pero se trata de ilustraciones y no historias contadas en imágenes como esas que se empezaron a publicar en la década de los 20 en Alemania. El mejor ejemplo, en Panamá, son las escenas tomadas durante la construcción francesa del canal y otras escenas de la Guerra de los Mil Días. Y es que el tamaño y dificultad técnica de uso de las cámaras, además de la poca sensibilidad y complejidad de manejo de las placas de material fotosensible, hacían que la fotografía fuera un oficio complicado, limitado a capturar la imagen de personas que posaban rígidamente para el fotógrafo, multitudes al aire libre o inmutables paisajes.

Para mí, esta secuencia de imágenes documentales tomadas un 15 de mayo hace 109 años, no sólo es un excelente ejemplo de crónica fotoperiodística, sino que es un ejemplo de modernismo: la tecnología al servicio de la historia, al servicio de la información, utilizada de manera anticipada en ese Panamá en el que se luchaba y se moría por conseguir un mejor destino para la nación.

A manera de epilogo, poco tiempo después de fusilado Victoriano Lorenzo, fuerzas militares destruirían el periódico El Lápiz, que anunciaba en las paredes de la ciudad de Panamá la edición número 85 del 24 de julio de 1903, especial sobre el fusilamiento del líder coclesano. José Sacovir Mendoza, director del diario, fue brutalmente golpeado. Las instalaciones, destruidas. Los tipos de metal con los que se diagramaba el periódico, dispersadas en las calles. Ejemplo de lo que en Europa y Estados Unidos se llamaría en esa misma época 'nuevo periodismo', en El Lápiz se viviría por primera vez en el siglo XX panameño lo que se repetiría una y otra vez hasta el presente: la censura violenta de la prensa.

13 de noviembre de 2010

DESDE URUGUAY: GRACIELA LEGUIZAMÓN SOBRE JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ PITTÍ



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Graciela Leguizamón es poeta, escritora y promotora cultura uruguaya. Creadora del proyecto Libro sin Tapas. Participa activamente de actividades culturales y en proyectos de promoción de la lectura. Organizadora de eventos de difusión y promoción para escritores y poetas en su país y el extranjero. Ha participado en Encuentros Internacionales de Literatura. Es editada en varias Antologías. Creadora de libros artesanales fue invitada a coordinar y organizar la 1ª Muestra del Libro Artesanal en Uruguay junto a la editorial Botella al Mar de Argentina y Escritores de Dos Orillas. Escribe para distintas Comunidades, paginas y foros en Internet.