10.11.14

SOBRE EL POEMARIO "Y POR ESTE COLOR DE LA PIEL" DE VANNIE ARROCHA

La poesía revela este mundo; crea otro.
—Octavio Paz en El arco y la lira.

La poesía revela este mundo; crea otro. Un mundo que parte de esa singularidad que es la mente del poeta. De su capacidad para observar, asimilar y recrear el universo una y otra vez alrededor de ese punto único de vista. Punto íntimo y personal de vista. Colección de los cuales, la poesía, vuelve a formar una y otra vez uno, dos, tres, infinitos universos. La poesía revela este mundo; crea otro. Y otro. Y otro. Los universos poéticos que coexisten con nuestro universo, enriqueciéndonos.

En la primera de tres partes de este libro de Vannie Arrocha, la poeta nos recrea el universo desde su posición singular, desde su perspectiva femenina, desde la generación en la que le ha tocado vivir, desde el centro de su personalidad desde el que nos invita, ¿quién quiere escapar conmigo?:
El mundo se mueve
danza, danza
hay silencio y ruido a la vez
están tomados de la mano
alucino
¿estoy afuera?
El universo se abre a nuestros pies. Como un abismo infinito, extraño, fascinante, tentador. Un universo poblado de mariposas ciegas, de autómatas, de fantasmas, de héroes que nunca llegan, de sitios singulares, de los sonidos de dios y del diablo, de una infinita cantidad de estímulos ante los que la poeta se rinde, saturada, con dolor, recogiendo una a una las lágrimas.
porque la realidad nos supera,
el realismo no es mágico
es cruel
Cruel y doloroso. Sobre todo en esa parte del abismo que es el Panamá de Vannie Arrocha. El Panamá de esta segunda década del siglo XXI y de la segunda parte de este poemario. Donde dar un beso puede ser un delito. Donde una mujer vale si es sumisa y, más aún, si tiene senos grandes, aunque sean de mentira. Donde la escuela del amor está vacía y a nadie le importa con nadie. Donde los derechos humanos sólo son válidos para ciertas personas, para quien no es mujer, ni pobre, ni homosexual, ni enfermo, ni mucho menos el antiguo “chiquillo hijueputa que no hace caso” hoy preso, nombrado con el eufemismo: “privado de libertad”. Porque en Panamá el niño educado por la calle, abusado por todos, hijo de padre amnésico, no solo terminará en la cárcel, sino que allí puede ser quemado vivo, como le sucedió a esos menores inmolados por sus propios custodios que, con horror, vimos morir en televisión mientras proferían ese grito espantoso: “Ay mamá, me duele...”.
fui un adolescente criminal
pero estas llamas
me han arrancado todo
todo lo malo.
Tras ese recorrido por la injusticia social de su país, en la tercera y final parte del poemario, Vannie Arrocha se retrae a la intimidad. Al universo personal. El universo del “yo” que, como comprendió Rimbaud, es un “otro”.
Entre tu forma y mi forma, encontré la figura perfecta.
Espejo que hacemos entre dos y que, para que resulte bien, debe ser entre complementos, como entendió Simone de Beauvoir. Entre iguales y con reciprocidad: ni tú eres tan malo, ni yo completamente estúpida. En una relación donde la satisfacción es mutua, sin dominación de una u otra parte.
Eres el hombre que riega mi cuerpo
que hincha mis senos
que me deja sentirme mujer, inocente o animal
que tiene permiso de entrar y salir por el origen,
por mi nombre.
Universo de la sensualidad. La poeta atraviesa el mundo de los deseos: una cartera, las lluvias de octubre, Cuba, unos zapatos rojos, la llegada del verano panameño en diciembre, o el amor siempre complejo. Complejo por sus motivos. Complejo en el tiempo o en el espacio. Complejo amor que rompe esa simetría de la figura perfecta.

En la primera parte del poemario, Vannie Arrocha nos declara: Soy una bestia inculta que desea educarse en el amor. Pero tras ese recorrido por el universo inmenso, por la conocida patria que se expresa con un grito, y ya desde la intimidad, nos dice: Yo no sé amar ni quiero aprender. ¿Se rinde la poeta en esa búsqueda del amor? ¿O descubre finalmente lo que buscaba sobre sí misma al proyectarse en el otro?
Fue sencillo
espontáneo ser feliz
tú en mi
yo en ti
sumergidos
bajo un cielo imperecedero
dos mortales
ingenuos
mentirosos
No siempre se tiene la oportunidad de presentar la primera obra de un poeta. En este caso, una poeta muy prometedora. Con paciencia, durante cinco años, Vannie Arrocha ha forjado los poemas que nos entrega en este libro, en este viaje que te invito a que realices con ella.

A buena hora nos presenta Por este color de la piel.

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